Apuntes vitales

(En caso de problemas existenciales, consultar aquí:)

1. Que el miedo no sea la razón por la que no hagas aquello que estás pensando en hacer.

2. Escucha a tu mente primero, pero toma las descisiones desde el corazón.

3. No dudes de ti misma. Siempre logras lo que te propones, aunque el modo a veces ni lo comprendas.

Continue reading “Apuntes vitales”

Me olvidé

Olvidé ponerte nombre,
escribirte en los árboles,
secuestrarte en los rincones,
descubrirte mis escondrijos.

Olvidé guardar en una caja
la libertad de la inocencia
y cerrar el grifo
de la bañera de mis pesadillas.

Olvidé abrir los ojos,
luego de obedecer
y cerrarlos.

Lo olvidé todo.
Dime que alguna vez
lo recordaré y será distinto.

Prométeme que algún día
la vida volverá
a llamar mi nombre.
Y perdonará mis ganas
de escaparte.

Agua salada

Ya no quiero ser mar,
aquel del que no se ve el fondo,
aquel en el que quieres nadar
atraída por su misterio,
por sus sombras y reflejos escurridizos.

Ya no quiero ser esas aguas embravecidas
fervientes en su deseo de alcanzar la luna,
incesantes y ruidosas, caóticas,
y que amenazan con ahogarte.

Ya no quiero ser ese ser
que de esperanza vive albergando el horizonte.
No quiero desvelarme con la luz de una sonrisa,
perderme en el momento en el que me dicen
que voy tarde, o que el amor se acaba.

Ya no quiero ser el mar, calmo o agitado,
en el que se hunde y remueve el pasado.

Yo quiero ser viento.
El viento que dirige las olas
y te deja regalos a los pies.
Te vacila cuando abres la ventana,
juega con tu pelo y el paraguas,
y siempre, te susurra siempre.

El viento del desierto, el viento del bosque,
el de las aventuras, el de las flores
y el del verano pasado.
El mismo viento que me da alas,
que me despierta, que me impulsa,
que me da libertad, me aisla,
me guarda de mis miedos
y me empuja hacia a ellos.

El viento que inspira, que inspiro,
el que me encuentra y no huye.
El del deseo, el del apetito,
el de la sed y el buen gusto,
El viento que nos deja sin aliento
y lo toma en el último momento.

En busca de la princesa de las mariposas

Que te calles pesada. Mi mente divaga y mis sentimientos me arrastran hacia lugares oscuros, lugares a los que no quiero volver. Me gustaría conocer sus caminos y saber que si me pierdo encontraré la salida, pero a la par que espero que ese conocimiento aparezca por arte de magia en mi cabeza, lucho para no acordarme. El miedo es demasiado fuerte y hay alguna cicatriz monstruosa que no ha sanado ni va a hacerlo pronto, mucho menos fácilmente, en los próximos años.

Es verdad, vivo como un tullido, sin muchas ganas de vivir, con poca ilusión y sin ganas de sentir. Mi nivel de reacción emocional es tan limitado, que parece me falte humanidad.

Las mariposas se fueron para no volver.

“Tienes que reconquistarla” me dice Louis, mientras me tomo mi cuarto, tal vez quinto, café. ¿Pero como voy a recuperar algo que nunca sentí me perteneciera? ¿Y que pasa si me sentí así porque no tenía que ser ni será nunca mía? Y aunque después de tres vodkas y una noche de fiesta tenga la certeza de que la quiero solo a ella, de que no voy a mover un dedo por una relación con cualquier otra mientras podría luchar todos los días y con todas mis fuerzas por esa conexión entre nosotras, no hay manera de conseguir el amor. No en mi mundo. En mi mundo amas y eres amado.

Y si no ocurre, no hay nada que vaya a cambiarlo.

Pero también es verdad que ese mundo no es real. La realidad puede ser distinta. Y si lo es, tal vez tenga alguna posibilidad. Pero si la realidad no es como la imagino, entonces no tengo manera de saber qué hacer.

Fue una búsqueda larga. No tan larga como lo ha sido la suya. Pero esperé mucho tiempo y al fin la encontré. Ese salado y dulce perfume que había en el aire, esa visión de melena al viento y ropas meciéndose, esas carcajadas distantes… Pude encontrar mis mariposas perdidas. La princesa de las mariposas, la princesa perdida.

Pero aunque las encontré, aun no han vuelto a mí, y aquí sigo, sentada en la oscuridad de la noche, mirando una pantalla blanca llena de puntitos negros que me cuentan mi propia historia. Una historia vacía, pues sigo sin tener mis mariposas, sin sentir la vida corriendo debajo la piel. Solo cuando pienso en ella o me encuentro cerca algo cambia y a veces es tan intenso que me inmoviliza. Ha pasado demasiado tiempo; ya no soy capaz de cuidar a las mariposas y por eso no van a volver.

Puede que tenga que volver a empezar y encontrar las otras que se perdieron en otros corazones, y recoger esas, hacerme fuerte para poder cuidarlas a todas.

Puede que tengas razón, mente, y no tenga que llegar más lejos con ella.

Pero el corazón niega con la cabeza. “No sabes lo que va a pasar. Tienes que continuar. Aunque no creas que hay una salida, aunque no veas ninguna puerta, es por allí. Tienes que seguir tu propia voluntad”.

Sí, claro, es fácil de decir, pero ¿cómo voy a andar con seguridad hacia adelante cuando no veo ni mis pies ni adónde voy?

Pues tendré que hacerlo igualmente, porque decidido está que tengo que llegar a ellas. Necesito mis mariposas. Antes tenía que buscarlas, luego verlas y ahora que sé a dónde han ido, tengo que traerlas de vuelta a casa.

¿Pero no es eso desleal? No. ¿Qué hay de malo en desear aquello que queremos? ¿Qué hay de malo en tener lo que crees mercer? ¿Qué problema hay con querer un amor correspondido? It’s not a selfless act. But you are forgetting that life was never selfless, never pretended to be. La vida es un acto de fe, no de amor, no de humildad, no de caridad. No amamos sin más.

No está en mi naturaleza rendirme. Puede que me ponga a descansar, pero siempre intento continuar con lo que he empezado y llegar a donde nos dirigíamos. Aun así, el miedo a perder y a ser juzgada por mis errores y fracasos ahoga mi voz y a menudo me encuentro callando mis aspiraciones. No quiero que sepan que me quedé mucho más lejos de lo que quería. Mi debilidad es mía y de nadie más. Soy una egoísta de mierda que nunca admitirá que quiso y no pudo. Prefiero decir que no sé algo a arriesgarme, no porque no quiera perder, pero porque no quiero que piensen que soy una perdedora y tengan pruebas de ello. Más me vale callar y que nunca sepan qué pensar de mí.

Es una vida solitaria, pero. Mis mariposas se fueron con una princesa, pero ella continua buscando su castillo en el cielo. Yo vengo de allí y no pienso volver. Yo quiero hundirme en el mar o perderme entre las flores, pero nunca más serán las nubes objeto de mi deseo. Tuve sueños imposibles de cumplir, y por más adulta que sea, cargo con sus cuerpos. No me hagáis volver y convertir los palacios en mausoleos.

Pero no tengo opción. Sigo aquí tumbada, pajeándome la mente. Voy a volver. No me importa. Solo las mariposas importan. Es todo lo que he estado buscando, la razón por la que sigo viva. Qué más da lo ridículo que vaya a sonar.  Bleed, bleed, bleed. Se me estremece todo el cuerpo, mi corazón se acelera, va a mil por hora, siento todos mis músculos y mi mente deja de hacer preguntas. Se me olvida como respirar. Mis pensamientos se congelan. ¿Que si quiero eso por el resto de mi vida? ¡Claro que no! Pero quiero vivir con esa intensidad. Quiero abrir los brazos y que las mariposas me envuelvan toda y no tenga que esforzarme en luchar para estar solo un poco despierta. Te quiero a ti. Quiero llegar lejos, investigar este misterio que de otra forma me concomerá día tras día. No he tenido en la vida deseo más fuerte que el de encontrar esto.

Conejito, escoge la madriguera que quieras. Te seguiré adónde sea.

Y que no se diga que no lo intenté. Aquí estoy, dando todo mi ser a una causa cuanto menos desesperanzadora. Vamos a sufrir, corazoncito de hielo, pero no nos queda otra. O nos consume el fuego o lo hacemos nuestro. Nada de frío o oscuridad.

Que quiere tocar las nubes, pues le daré la mano desde las estrellas.

Y si los cielos no me acogen, y si el palacio me escupe de sus entrañas o los castillos me cierran sus puertas, pues otro camino más emocionante encontraré. Y si yo prefiero quedarme con la luna mientras ella se queda con el sol, pues allí estaremos. En buena compañía.

Y si mi corazón aún tiene la razón, puede que unas mariposas me lleven a las otras.

Entre hacer y no hacer, hagamos algo.

Y que la vida nos sorprenda.