Grito ahogado

Quién no ha gritado a la noche,
a la oscuridad,
desesperada,
sin poder hacer nada.

Quién no ha gritado,
pidiendo ayuda,
haciendo promesas,
llorando
y sin recibir respuesta.

Quién no tuvo que
hacer eso en silencio
con una máscara
y encerrado
en una habitación llena de gente.

Quién ha sido el afortunado
de no sentir nunca
la necesidad de
romper el mundo
sin ser capaz
de dejar de romperse.

Aún esperas

No te has dado cuenta.
Se ha terminado.

No te has dado cuenta.
Soñar con los ojos cerrados
es soñar imposibles.

-No los abras pequeña.
Te harás daño.

Pero quiero que los abras
para que encuentres
la verdad.

Deja de soñar,
de pedir.
Ella no va a venir.

No llamará a la puerta
de tu solitario piso
sin avisar y con su
encantadora sonrisa,
sonrisa pícara,
sonrisa mordida,
sonrisa dulce,
sonrisa beso.

Su presencia no cambiará
el vacío
de tus esperanzas
desfalleciendo.

Y si por un momento
creyeras en su existencia,
y si por un momento
sospechas el hallazgo,
que lo habéis logrado,
que la has encontrado,
que te ha encontrado
al fin.
Lo verás todo marchitar,
antes de oler siquiera
el perfume de la eternidad.

Olvídate de soñar.
Despierta pequeña.
No puedes enamorarte
de un espejo
sin enamorarte de
la luz que refleja
cuando yace desnudo
encarándose a ti.

No sueñes
tales sueños.
Estos sueños
dormidos,
sueños que se rompen,
sueños que mueren,
sueños astillados,
cristales rotos,
sueños que se escurren
debajo la piel
y te hacen gritar,
cuchillas desgarrando,
venas hinchadas.
Sangrado interno.

Pequeño unicornio.
No puedo mirar
como dejas
morirte
al soñar
con encontrar
la magia.
La magia
que nació
que brota
que da vida
que alimenta
que sana
que seduce
que salva
que sobrevive
que es y está.

La magia,
el unicornio,
la luz
delante del espejo.
No puedo mirar,
ver como desaparece
otra vez
detrás de la oscuridad.
No puedo dejar
que muera
una vez más.

Y tú…
¿aún esperarás?

Espejismos

Dos espejos encarados.
Detrás de uno hay una luz cegadora.
Y detrás del otro una oscuridad aterradora.
Si tan solo se atrevieran a mirarse,
a encontrarse,
tal vez descubrieran que
lo que creyeron suyo era del otro
y lo que creyeron del otro, suyo.

Si los dos se hubieran atrevido,
y mirado al mismo tiempo,
tal vez lo habrían descubierto:
que la luz no podía cegar a la oscuridad
y la oscuridad no podía aterrar a la luz.

En busca de la princesa de las mariposas

Que te calles pesada. Mi mente divaga y mis sentimientos me arrastran hacia lugares oscuros, lugares a los que no quiero volver. Me gustaría conocer sus caminos y saber que si me pierdo encontraré la salida, pero a la par que espero que ese conocimiento aparezca por arte de magia en mi cabeza, lucho para no acordarme. El miedo es demasiado fuerte y hay alguna cicatriz monstruosa que no ha sanado ni va a hacerlo pronto, mucho menos fácilmente, en los próximos años.

Es verdad, vivo como un tullido, sin muchas ganas de vivir, con poca ilusión y sin ganas de sentir. Mi nivel de reacción emocional es tan limitado, que parece me falte humanidad.

Las mariposas se fueron para no volver.

“Tienes que reconquistarla” me dice Louis, mientras me tomo mi cuarto, tal vez quinto, café. ¿Pero como voy a recuperar algo que nunca sentí me perteneciera? ¿Y que pasa si me sentí así porque no tenía que ser ni será nunca mía? Y aunque después de tres vodkas y una noche de fiesta tenga la certeza de que la quiero solo a ella, de que no voy a mover un dedo por una relación con cualquier otra mientras podría luchar todos los días y con todas mis fuerzas por esa conexión entre nosotras, no hay manera de conseguir el amor. No en mi mundo. En mi mundo amas y eres amado.

Y si no ocurre, no hay nada que vaya a cambiarlo.

Pero también es verdad que ese mundo no es real. La realidad puede ser distinta. Y si lo es, tal vez tenga alguna posibilidad. Pero si la realidad no es como la imagino, entonces no tengo manera de saber qué hacer.

Fue una búsqueda larga. No tan larga como lo ha sido la suya. Pero esperé mucho tiempo y al fin la encontré. Ese salado y dulce perfume que había en el aire, esa visión de melena al viento y ropas meciéndose, esas carcajadas distantes… Pude encontrar mis mariposas perdidas. La princesa de las mariposas, la princesa perdida.

Pero aunque las encontré, aun no han vuelto a mí, y aquí sigo, sentada en la oscuridad de la noche, mirando una pantalla blanca llena de puntitos negros que me cuentan mi propia historia. Una historia vacía, pues sigo sin tener mis mariposas, sin sentir la vida corriendo debajo la piel. Solo cuando pienso en ella o me encuentro cerca algo cambia y a veces es tan intenso que me inmoviliza. Ha pasado demasiado tiempo; ya no soy capaz de cuidar a las mariposas y por eso no van a volver.

Puede que tenga que volver a empezar y encontrar las otras que se perdieron en otros corazones, y recoger esas, hacerme fuerte para poder cuidarlas a todas.

Puede que tengas razón, mente, y no tenga que llegar más lejos con ella.

Pero el corazón niega con la cabeza. “No sabes lo que va a pasar. Tienes que continuar. Aunque no creas que hay una salida, aunque no veas ninguna puerta, es por allí. Tienes que seguir tu propia voluntad”.

Sí, claro, es fácil de decir, pero ¿cómo voy a andar con seguridad hacia adelante cuando no veo ni mis pies ni adónde voy?

Pues tendré que hacerlo igualmente, porque decidido está que tengo que llegar a ellas. Necesito mis mariposas. Antes tenía que buscarlas, luego verlas y ahora que sé a dónde han ido, tengo que traerlas de vuelta a casa.

¿Pero no es eso desleal? No. ¿Qué hay de malo en desear aquello que queremos? ¿Qué hay de malo en tener lo que crees mercer? ¿Qué problema hay con querer un amor correspondido? It’s not a selfless act. But you are forgetting that life was never selfless, never pretended to be. La vida es un acto de fe, no de amor, no de humildad, no de caridad. No amamos sin más.

No está en mi naturaleza rendirme. Puede que me ponga a descansar, pero siempre intento continuar con lo que he empezado y llegar a donde nos dirigíamos. Aun así, el miedo a perder y a ser juzgada por mis errores y fracasos ahoga mi voz y a menudo me encuentro callando mis aspiraciones. No quiero que sepan que me quedé mucho más lejos de lo que quería. Mi debilidad es mía y de nadie más. Soy una egoísta de mierda que nunca admitirá que quiso y no pudo. Prefiero decir que no sé algo a arriesgarme, no porque no quiera perder, pero porque no quiero que piensen que soy una perdedora y tengan pruebas de ello. Más me vale callar y que nunca sepan qué pensar de mí.

Es una vida solitaria, pero. Mis mariposas se fueron con una princesa, pero ella continua buscando su castillo en el cielo. Yo vengo de allí y no pienso volver. Yo quiero hundirme en el mar o perderme entre las flores, pero nunca más serán las nubes objeto de mi deseo. Tuve sueños imposibles de cumplir, y por más adulta que sea, cargo con sus cuerpos. No me hagáis volver y convertir los palacios en mausoleos.

Pero no tengo opción. Sigo aquí tumbada, pajeándome la mente. Voy a volver. No me importa. Solo las mariposas importan. Es todo lo que he estado buscando, la razón por la que sigo viva. Qué más da lo ridículo que vaya a sonar.  Bleed, bleed, bleed. Se me estremece todo el cuerpo, mi corazón se acelera, va a mil por hora, siento todos mis músculos y mi mente deja de hacer preguntas. Se me olvida como respirar. Mis pensamientos se congelan. ¿Que si quiero eso por el resto de mi vida? ¡Claro que no! Pero quiero vivir con esa intensidad. Quiero abrir los brazos y que las mariposas me envuelvan toda y no tenga que esforzarme en luchar para estar solo un poco despierta. Te quiero a ti. Quiero llegar lejos, investigar este misterio que de otra forma me concomerá día tras día. No he tenido en la vida deseo más fuerte que el de encontrar esto.

Conejito, escoge la madriguera que quieras. Te seguiré adónde sea.

Y que no se diga que no lo intenté. Aquí estoy, dando todo mi ser a una causa cuanto menos desesperanzadora. Vamos a sufrir, corazoncito de hielo, pero no nos queda otra. O nos consume el fuego o lo hacemos nuestro. Nada de frío o oscuridad.

Que quiere tocar las nubes, pues le daré la mano desde las estrellas.

Y si los cielos no me acogen, y si el palacio me escupe de sus entrañas o los castillos me cierran sus puertas, pues otro camino más emocionante encontraré. Y si yo prefiero quedarme con la luna mientras ella se queda con el sol, pues allí estaremos. En buena compañía.

Y si mi corazón aún tiene la razón, puede que unas mariposas me lleven a las otras.

Entre hacer y no hacer, hagamos algo.

Y que la vida nos sorprenda.