Siempre. Siempre.

Siempre, siempre.
Cuando crecemos,
todos necesitamos
esas manos que nos
espanten los miedos
de la frente.

Esos brazos que nos
protejan por la noche
de las inseguridades
de una vida
que deberíamos
poder afrontar
solos,
solitos,
solos.

Siempre, siempre.
Necesitamos
esas palabras
que nos sientan tan bien
en el cuerpo,
en el trabajo,
en el día a día.

Necesitamos
esas miradas
que nos deshielan
y nos deshacen
en sollozos
y sonrisas.

Siempre, siempre.
Buscamos unos besos,
unos abrazos,
que nos devuelvan
a la vida.

Y siempre, siempre
crecemos y perdemos.
Pero no olvidemos
que todos llegamos
persiguiendo lo mismo
y queriendo darlo
todo el tiempo.
Recordemos.

El amor no es vergüenza,
ni su falta ni su sobra.

Y que siempre, siempre.
Yo también estoy aquí.

Aún esperas

No te has dado cuenta.
Se ha terminado.

No te has dado cuenta.
Soñar con los ojos cerrados
es soñar imposibles.

-No los abras pequeña.
Te harás daño.

Pero quiero que los abras
para que encuentres
la verdad.

Deja de soñar,
de pedir.
Ella no va a venir.

No llamará a la puerta
de tu solitario piso
sin avisar y con su
encantadora sonrisa,
sonrisa pícara,
sonrisa mordida,
sonrisa dulce,
sonrisa beso.

Su presencia no cambiará
el vacío
de tus esperanzas
desfalleciendo.

Y si por un momento
creyeras en su existencia,
y si por un momento
sospechas el hallazgo,
que lo habéis logrado,
que la has encontrado,
que te ha encontrado
al fin.
Lo verás todo marchitar,
antes de oler siquiera
el perfume de la eternidad.

Olvídate de soñar.
Despierta pequeña.
No puedes enamorarte
de un espejo
sin enamorarte de
la luz que refleja
cuando yace desnudo
encarándose a ti.

No sueñes
tales sueños.
Estos sueños
dormidos,
sueños que se rompen,
sueños que mueren,
sueños astillados,
cristales rotos,
sueños que se escurren
debajo la piel
y te hacen gritar,
cuchillas desgarrando,
venas hinchadas.
Sangrado interno.

Pequeño unicornio.
No puedo mirar
como dejas
morirte
al soñar
con encontrar
la magia.
La magia
que nació
que brota
que da vida
que alimenta
que sana
que seduce
que salva
que sobrevive
que es y está.

La magia,
el unicornio,
la luz
delante del espejo.
No puedo mirar,
ver como desaparece
otra vez
detrás de la oscuridad.
No puedo dejar
que muera
una vez más.

Y tú…
¿aún esperarás?

Erizada

Sus dedos rozándome,
su respiración,
acelerada.
Tu voz susurrando
un cuento nunca
antes contado.
Tu voz dulce
y aterciopelada,
un orgasmo
en mi cabeza!
Y yo, trazando
dibujos sin sentido
en la calidez que escapa
de tu piel blanca,
de esta tela
de la que me gustaría ser vestido
para llevar dentro,
para que fuera mi materia prima.

Amanda, Amanda,
Amanda. Despiértame.
Algún día, sé tú la que
se duerme última,
la que se despierta
y no quiere soñar
para poder continuar
trazando un rostro.
Sé tú la que me tire otra vez,
la que deje enfriar el café,
y deje al sol iluminarnos.

Sube, baja,
sube tres veces sin bajar.
Baja
lenta
mente
Y no pares, no pares, no pares,
hasta que
lleguemos,
juntas,
al
mismo
destino.

Una basura, por favor

Me cansé de escuchar tantas excusas, mentiras, expectativas y tontería tras tontería. No jodáis. ¿Cómo con tantos años de humanidad y experiencia seguimos perpetuando semejantes locuras?

De ti no quiero nada ya. No hagas nada conmigo. No me muestres ningún camino. No busques mi felicidad. No me dejes creer en los mitos codependientes. Porque yo los creería con facilidad– ya sé lo frágil que puedo ser, aunque cierre los ojos y me muerda la lengua, sin saber como soportarlo. Porque eso sería fallarnos. Ese es mi miedo. Y mi miedo atrae mis miedos. Y por eso me rebelo. Porque va en contra de lo que veo con mi corazón. Solo quiero que confíes en mí, en que lo lograré yo sola. Ahora que lo sabes, dejáme ser libre.

¿Qué veo yo? Dos llamas que se multiplican solo con acercarse. Que se crecen. Que se expanden. Que conquistan cualquier marea, cualquier tormenta con sus fuerzas unidas.  Veo que no hay límites detrás de esos ojos en los que se refleja un mundo único. Veo el infinito, siento que me lanzo a él.  Lo reconozco como a un pariente que nunca conocí pero familiar como mi propio paisaje interior. Ese que se remueve cuando te ve y sabe que no está solo.

Voy a cerrar ese libro gastado. No quiero que nadie me convenza de la necesidad de nadie. ¿Qué es eso? Solo incompetencia, no ser capaz de afrontar tu propia vida. No abnego de la compañía, eso es lo que quiero. Eso es el algo añadido que parece solo otra sonrisa, pero en verdad soy yo llegando a la felicidad. Y no es solo un algo, no se queda en eso solo. Es un sueño a compartir. Sí, un sueño que vamos a compartir.

Pero ni es ni será un pastel a repartir.

Besaba sus labios con deleite. No había fronteras ni etiquetas. Su historia se escribía entre miradas compartidas y gestos complementarios. Sus corazones sincronizados era todo lo que necesitaban para que funcionara. ¿Porqué no funcionó?

Te odio, te amo

Para qué voy a mentir.
He escuchado decirte muchas cosas,
buenas, malas, las mismas historias
más veces de las que querría.
Pocas historias nuevas, si lo pienso
han salido con tu propia voz.

Para qué voy a mentir,
si nos conocemos desde siempre,
y desde siempre he sentido esa peligrosa curiosidad.
Te arrinconé, te analicé,
Te manipulé, te perseguí,
te grité, te ahogué,
te hice callar, intenté redescubrirte.
Intenté deshacerme de ti.

Para que te voy a mentir,
si nos hemos mentido ya sin cesar
hasta llegar otra vez a la verdad.
(Que no hay ninguna).
Pero claramente tú no eres única
ni eres la culpable
ni eres la respuesta mágica
que me gustaría haber encontrado.

Para qué te voy a mentir,
si lo sabes todo sobre mí.
Y aún así apenas me doy cuenta
que eres solo una parte,
ni más ni menos,
mucho menos yo entera.

Para qué te voy a mentir,
si sabes que te he odiado.
Te usé, tratando de tener el control.
Y solo nos hice más pequeñas.
Ignoré que no podías con todo
y lo hice repetidamente.
Los mismos errores, en otros tonos.
Y cogí la costumbre de agotarme
intentando que consiguieras
lo que no estaba a tu alcance.

Para que te voy a mentir.
No fuiste la única a la que ataqué.
Tus acompañantes sufrieron igual,
y sufrieron las consecuencias.
Esas otras partes fueron arrinconadas
e ignoradas hasta la saciedad
mientras tú debías tomar el sitio de todos.

Para qué te voy a mentir.
No he cambiado tanto.
Intento hacer las cosas de otra forma,
pero te odio.
Odio los límites que me has impuesto,
y que yo he aceptado.
Y odio que todo lo que desprecio en mí
me resulte familiar, cómodo.
Un canto de sirena.

Para que te voy a mentir.
También te amo, porque
nunca te estás quieta.
mente mía.
Y eso me da seguridad,
La seguridad de avanzar.
Sin parar.

Supongo que así será hasta el final.
Algo debe hacer girar la rueda.
El amor y el odio.
Dos fuerzas que propulsan
el aprendizaje como salvación.

Inundación regalada

Un torrente de ternura recorre mis venas y gotea sin prisa en el vaso de cristal de mi corazón,un vaso que se hunde en un mar cálido de azúcar.
Me veo cautivada en medio de una tormenta que envuelve mi mente.
Vivo en el centro de un abrazo que permanece pegado a mi alma.

La profundidad de mis sentimientos me atemoriza desde siempre.
Pero ahora encuentro consuelo infinito en la presencia de este amor,
en la confianza que crece con los días,
en la anchura que adquiere mi vida cuando se une a la tuya.

Y me pregunto si esto es lo que yo buscaba o si simplemente lo necesitaba.
Y me pregunto qué me espera en el futuro.
Y cierro los ojos, porque no quiero seguir corriendo.
Estoy tan cerca de conseguir mis sueños que temo haberlos cumplido ya.
Estoy tan cerca de ser quien quiero ser que ya no me preocupa caerme
o perderme en una noche oscura sin estrellas.

El miedo se desvanece, ha desparecido ya.
Solo un deseo permanece por cumplir,
un sueño bonito que sobrevive a mi despertar.
El deseo de regalarte este sentimiento que colma los huecos del mundo
con cotón de belleza,
con miel de satisfacción
y besos de agradecimiento.

Mi deseo de seguir adelante y mostrarte dónde encuentro yo la felicidad.
El deseo de mostrarte este sitio
en el que nace y muere quien soy.
De guiarte a través del espacio que nos separa
y que llenamos con el querer estar
un poco más cerca de la vida.
Este espacio único que compartimos.
El aquí.

Quiero un amor en mi vida

Quiero un amor que solo dure mi presente. Quiero un amor que sea la mejor historia de amor, con un poco de todas las demás. Quiero un amor que me haga respirar más fuerte, soñar sueños más grandes y vivir con mayor intensidad. Quiero un amor que me haga llorar por las mejores razones, aunque sean dolorosas. Quiero un amor que me haga pedazos y que luego me enseñe a reconstruirme. Quiero un amor que cure mis heridas y ame las cicatrices. Quiero un amor al que le gusten los silencios llenos de miradas. Quiero un amor que encuentre mi corazón en cada detalle. Quiero un amor que confíe en mí aun cuando no me entienda. Quiero un amor al que poder acariciar día y noche. Quiero un amor que se crezca con mis sonrisas y mis besos. Quiero un amor que no quiera que deje de quererle. Quiero un amor que me encuentre cuando estoy perdida y me despierte con su despertar. Quiero un amor al que poder enseñar mis mil mundos de recuerdos, fantasías y esperanzas. Quiero un amor que sea adicto a mis palabras. Quiero un amor que se encuentre cuando está conmigo. Quiero un amor al que poder decir cuánto le quiero sin tener que medir mi entusiasmo. Quiero un amor que quiera un amor parecido al mío. Quiero un amor que me dé tanto como yo le dé. Quiero un amor que yo crea es mayor que el mío para competir todos los días dándole más. Quiero la probabilidad improbable. Quiero la fuerza imparable. Quiero ese momento eterno. Quiero la persona que mi mente no habría podido imaginar y que mi corazón no pararía de buscar. Quiero vivir en la dulzura de esa persona que da un poco más de sentido a la vida. Quiero un amor como el que creí encontrar en su día. Solo que lo quiero para todos los que me quedan.