Siempre. Siempre.

Siempre, siempre.
Cuando crecemos,
todos necesitamos
esas manos que nos
espanten los miedos
de la frente.

Esos brazos que nos
protejan por la noche
de las inseguridades
de una vida
que deberíamos
poder afrontar
solos,
solitos,
solos.

Siempre, siempre.
Necesitamos
esas palabras
que nos sientan tan bien
en el cuerpo,
en el trabajo,
en el día a día.

Necesitamos
esas miradas
que nos deshielan
y nos deshacen
en sollozos
y sonrisas.

Siempre, siempre.
Buscamos unos besos,
unos abrazos,
que nos devuelvan
a la vida.

Y siempre, siempre
crecemos y perdemos.
Pero no olvidemos
que todos llegamos
persiguiendo lo mismo
y queriendo darlo
todo el tiempo.
Recordemos.

El amor no es vergüenza,
ni su falta ni su sobra.

Y que siempre, siempre.
Yo también estoy aquí.

Con la pérdida, nace

Algunos esperan
que el cielo se parta,
escucharlo tronar
y que la tierra se abra,
todo con un sonido desquiciante
que parece
el grito del universo
al derrumbarse.

Pero no se parece en nada a eso.
Cuando algo terrible ocurre,
cuando las jóvenes flores perecen
y los corazones se rompen,
nace más silencio.

Algo se para.

Es imposible decir
El Qué,
pero de pronto,
todo está callado;
una melodía
– que nadie más
podía escuchar
– ha desaparecido.
Se ha marchado.
Y no volverá.

Aún esperas

No te has dado cuenta.
Se ha terminado.

No te has dado cuenta.
Soñar con los ojos cerrados
es soñar imposibles.

-No los abras pequeña.
Te harás daño.

Pero quiero que los abras
para que encuentres
la verdad.

Deja de soñar,
de pedir.
Ella no va a venir.

No llamará a la puerta
de tu solitario piso
sin avisar y con su
encantadora sonrisa,
sonrisa pícara,
sonrisa mordida,
sonrisa dulce,
sonrisa beso.

Su presencia no cambiará
el vacío
de tus esperanzas
desfalleciendo.

Y si por un momento
creyeras en su existencia,
y si por un momento
sospechas el hallazgo,
que lo habéis logrado,
que la has encontrado,
que te ha encontrado
al fin.
Lo verás todo marchitar,
antes de oler siquiera
el perfume de la eternidad.

Olvídate de soñar.
Despierta pequeña.
No puedes enamorarte
de un espejo
sin enamorarte de
la luz que refleja
cuando yace desnudo
encarándose a ti.

No sueñes
tales sueños.
Estos sueños
dormidos,
sueños que se rompen,
sueños que mueren,
sueños astillados,
cristales rotos,
sueños que se escurren
debajo la piel
y te hacen gritar,
cuchillas desgarrando,
venas hinchadas.
Sangrado interno.

Pequeño unicornio.
No puedo mirar
como dejas
morirte
al soñar
con encontrar
la magia.
La magia
que nació
que brota
que da vida
que alimenta
que sana
que seduce
que salva
que sobrevive
que es y está.

La magia,
el unicornio,
la luz
delante del espejo.
No puedo mirar,
ver como desaparece
otra vez
detrás de la oscuridad.
No puedo dejar
que muera
una vez más.

Y tú…
¿aún esperarás?

Erizada

Sus dedos rozándome,
su respiración,
acelerada.
Tu voz susurrando
un cuento nunca
antes contado.
Tu voz dulce
y aterciopelada,
un orgasmo
en mi cabeza!
Y yo, trazando
dibujos sin sentido
en la calidez que escapa
de tu piel blanca,
de esta tela
de la que me gustaría ser vestido
para llevar dentro,
para que fuera mi materia prima.

Amanda, Amanda,
Amanda. Despiértame.
Algún día, sé tú la que
se duerme última,
la que se despierta
y no quiere soñar
para poder continuar
trazando un rostro.
Sé tú la que me tire otra vez,
la que deje enfriar el café,
y deje al sol iluminarnos.

Sube, baja,
sube tres veces sin bajar.
Baja
lenta
mente
Y no pares, no pares, no pares,
hasta que
lleguemos,
juntas,
al
mismo
destino.

#2017

Te pones a pensar,
decides escribir.

Hay que tomar decisiones.
Hay que soñar.
Hay que prever.
Hay que dejar hablar
al instinto,
a la voz más profunda
del ser
envejeciendo.

Quiero amar con locura,
sin perder de vista mi estrella polar.
Quiero rodearme de calidez,
sin olvidar que yo puedo
calentar y iluminar
tanto como el sol.

Derribaré más muros,
y haré lo que aprendí
estos años es mi tarea principal.
Sufriré mi dolor y lo curaré,
Restableceré la fe en mis valores,
y lucharé sin cesar para conseguir
lo que quiero.

Arrancaré sonrisas, viviré en harmonía.
Me enamoraré de amores
y pasiones, seré feliz.
Viviré mis emociones primero,
descubriré quién soy
antes de decidir si me gusta o no.
Miraré atrás solo para aprender
y expandir mi gozo,
y hacia al futuro para crear el mundo
que quiero encontrar cuando lleguemos.

No olvidaré lo que me hizo daño
ni quién fui,
pues solo recordando podré
rectificar el rumbo
y encontrar el camino
que me lleve al destino
deseado.

Llamadme nombres,
que yo escogeré el que más bien me siente.
Llamadme nombres,
que yo soy sola,
y soy solo
lo que de mi surge.
Un misterio para mí misma,
una aventura para todos los que la quieran.