Ventanas pasadas

Algunos de mis sueños
siempre serán ventanas
de un tren al que
ya no subiré.

Algunos se quedaron
en ventantanas opacas,
en paradas escondidas
detrás de una mirada
y una voz aterrada.

Otros fueron ventanas
que prometían primavera
pero no sobrevivieron
ni a una sonrisa.

Otros se quedaron
parados y abandonados,
en ventanas rotas
en forma de otoñales hojas.

Y otros nunca salieron
de ninguna estación.

No todos los sueños
vivieron.
No todos fueron soñados,
no todos ardieron
y no todos volaron,
ya cenizas al viento.

No todos fueron puertas
a las que pude llamar.
Y de esos, tampoco todos
abrieron.

Mordaza

Sin respirar,
te vuelves
a todos lados,
mirando sin ver.

Sin respirar,
te mueves
buscando
a lo que agarrarte.

Sin respirar,
quieres gritar,
tener palabras
para no huir.

Sin respirar,
necesitas acostarte
pero también
no parar.

Sin respirar,
quieres que acabe.
Sin respirar,
ya te da igual.

Sin respirar,
olvidas.
Sin respirar,
te caes.

Sin respirar,
no ves.
Te pierdes,
sin respirar.

Sin respirar,
no puedes.
Sin respirar,
no queda nada.

Sin respirar,
no lo sientes.

Sin respirar.
Pero tienes que hacerlo.
Y duele.

Y aún sin respirar,
lo haces.
Sin respirar,
lo consigues.
Puedes. Y respiras.

Me olvidé

Olvidé ponerte nombre,
escribirte en los árboles,
secuestrarte en los rincones,
descubrirte mis escondrijos.

Olvidé guardar en una caja
la libertad de la inocencia
y cerrar el grifo
de la bañera de mis pesadillas.

Olvidé abrir los ojos,
luego de obedecer
y cerrarlos.

Lo olvidé todo.
Dime que alguna vez
lo recordaré y será distinto.

Prométeme que algún día
la vida volverá
a llamar mi nombre.
Y perdonará mis ganas
de escaparte.