Allí nos cruzamos

Y nos encontramos,
con un mismo propósito.
En una cama que estuvo vacía
por demasiado tiempo,
olvidados ya esos cuerpos de más.

Somos dos en busca del mismo destino.
Esta noche nuestras visiones se acercan,
para confundirse en la penumbra
y enturbiar la luz del mañana.
Sujetos entre sábanas, andamos un tramo.

Tal vez en direcciones distintas,
llegamos a nuestra particular parada,
y comprendemos, sin saberlo,
que pudimos vernos mejor,
el sol nos alegró la vista un momento.

Pero no olvidemos a lo que vinimos.
A travesar un puente – el cuerpo del otro.
Nos cruzamos para sentirnos
vivir. Mi Vida. Tu Vida.
Si no somos egoístas,
si dudamos de cada cuál,
nos despeñaremos.

Sabemos que nos encontramos
para encontrarnos.
Porque hacía falta tu cuerpo
para sentir
el calor de existir.

Nunca dejará de cambiar – El Tiempo

Me levanto con el estruendo de la tempestad,
veo el mar golpeado por el viento.
Siento el miedo de lo que viene,
y deseo olvidar el pasado,
mirar el futuro a los ojos,
para cerrarlos y poder sentir
el mundo latiendo
ahora mismo, y mi corazón
uniéndose al canto.
Esa canción que solo escuché
a veces, cuando llegamos
a los más alto, cuando tocaron
ese lugar tan profundo
en un abrazo con más que alma.

Pero no puedo afrontar el presente desnuda,
sin rastro de lo que fui o fue para mí,
sin temer al vacío que crea en mí
pensar en los pasos que tendré que dar.
La nostalgia y el miedo pegados a mi sombra,
la esperanza y el desconcierto abriendo paso
en esta pequeña habitación que da al mar.

Siento como todo se mueve,
y no sé si me estoy mareando
o solo emocionando.
Y es que se siente distinto,
todo, ahora, y sé,
que nunca dejará de ser así.

Una basura, por favor

Me cansé de escuchar tantas excusas, mentiras, expectativas y tontería tras tontería. No jodáis. ¿Cómo con tantos años de humanidad y experiencia seguimos perpetuando semejantes locuras?

De ti no quiero nada ya. No hagas nada conmigo. No me muestres ningún camino. No busques mi felicidad. No me dejes creer en los mitos codependientes. Porque yo los creería con facilidad– ya sé lo frágil que puedo ser, aunque cierre los ojos y me muerda la lengua, sin saber como soportarlo. Porque eso sería fallarnos. Ese es mi miedo. Y mi miedo atrae mis miedos. Y por eso me rebelo. Porque va en contra de lo que veo con mi corazón. Solo quiero que confíes en mí, en que lo lograré yo sola. Ahora que lo sabes, dejáme ser libre.

¿Qué veo yo? Dos llamas que se multiplican solo con acercarse. Que se crecen. Que se expanden. Que conquistan cualquier marea, cualquier tormenta con sus fuerzas unidas.  Veo que no hay límites detrás de esos ojos en los que se refleja un mundo único. Veo el infinito, siento que me lanzo a él.  Lo reconozco como a un pariente que nunca conocí pero familiar como mi propio paisaje interior. Ese que se remueve cuando te ve y sabe que no está solo.

Voy a cerrar ese libro gastado. No quiero que nadie me convenza de la necesidad de nadie. ¿Qué es eso? Solo incompetencia, no ser capaz de afrontar tu propia vida. No abnego de la compañía, eso es lo que quiero. Eso es el algo añadido que parece solo otra sonrisa, pero en verdad soy yo llegando a la felicidad. Y no es solo un algo, no se queda en eso solo. Es un sueño a compartir. Sí, un sueño que vamos a compartir.

Pero ni es ni será un pastel a repartir.

Besaba sus labios con deleite. No había fronteras ni etiquetas. Su historia se escribía entre miradas compartidas y gestos complementarios. Sus corazones sincronizados era todo lo que necesitaban para que funcionara. ¿Porqué no funcionó?

Plumas rojas

–Te deseo.
Miro sus labios pero no escucho lo que dice. Miro sus ojos y lo entiendo. Una mirada feroz que hace que me aparte y se me suban los colores de la vergüenza. Y me aparto. Es un hábito. No quiero desearte. No me preguntes, porque no podré mentir. Entonces entrarás en una espiral, sin comprender. No me provoques. No me mires más. Olvídame. Debo apartarme. Y las palabras nunca pronunciadas tienen esa mágia vinculante que pocos reconocen. Mi corazón se retira. La vergüenza se convierte en una máscara, una cubierta repelente. No quiero desearte.
Cierro la cremallera de la imaginación y mancho así mi mente con la sangre de un crimen. Muere el deseo.
Pero este es un ave fénix. Capaz de resucitar tras la muerte, pero incapaz de encontrar la llave de su jaula y marcharse a volar a su aire.
Y me mira.
–Deséame.
Me mira, y solo puedo cometer otro crimen. Pero un crimen distinto.