Imprometibles

No puedo hacer esa promesa.
Me gustaría, pero no debería.
Necesitaría de fe, mucha.
Y no solo la mía.

Hacerlo siempre mejor.
Encontrar un tú
al que decir “lo haré”,
al que contarle
“que lo logré”.

Un tú al que alegrarle las mañanas
con un café y una sonrisa,
y mimos o pellizcos,
si parece que el día
se hace cuesta arriba.

Me gustaría pasarme
un poco de la raya,
obsesionarme y cabrearle
para encontrarme de nuevo libre
al escuchar sus palabras
señalar mi norte
entre el amor y el regaño,
y devolverle el favor otro día.

Querría prometerle a algún tú
amarle siempre con un poco de egoísmo,
para ser dos siempre
y vivirlo bien juntos.

Y querría prometer lo imprometible,
demostrar que no hay imposibles.
Querría bromear con los asuntos más serios.
Pues no hay cosa más seria que vivir la vida
y compartirla.
Y solo un contigo
la haría infinitamente divertida.

Can’t stop the beating of the heart

Those moments when everything comes together.
Flow.
Synchronicity.
Destiny.
Aleph.
Can’t stop it…
Miracle.
Fluke.
Match.
Happenstance.
Coup de foudre.
Serendipity.
Can’t stop that beating…
That instant when you see it and a shiver goes down your spine.
A connection. Meaning.
A star shining in the darkest of nights.

I pray for those moments to come. I survive to live them.
I live trying to forget that they are just memories fading away. I live trying to remember the power of believing.
Because no single life has gone out without one of those, and without them, none would have been worth it.
“Again.” I hear the rustle. “Let go the old ones. There’ll be new ones. They are coming.”
Can’t stop the beating of the heart…
“They will keep on coming.”
Can’t stop the beating of the heart…

Y me pregunto, ¿cuál es la mayor mentira?

La he encontrado muchas veces.
Y me ha dolido verla.
No en mis ojos, allí no aguanta,
puede que sea un demonio
pero con amenazarla
se larga.

Puede que sea terrible,
pero si cuela, cuela.
le digo que morimos,
y eso la desarma.

No, es comprender que existe
en otras partes
y que desconozco
mejores técnicas
con la que espantarla.
Y no es un sitio, es en muchos,
y me pregunto porqué,
cómo es posible,
quién lo permite.

No entiendo como alguien lo aguanta.
A mí me engaña, me colapsa,
me deja sin respiración,
sin fuerzas para andar,
me aplasta.
Pero en el fondo sé
que es solo una mentira.

Confundida o no,
sé que en algún momento
seré capaz de rechazarla.

Y puedo responder la pregunta,
Y respondo, la Desesperanza.

Viviendo, escribiendo, hibernando.
Como si los fracasos fueran ciertos,
como si esos se convirtieran en la única meta,
en el camino y el destino.
Pero hemos sobrevivido hasta hoy.
¿Cómo voy a creerme una derrota
que nunca ha ocurrido,
que no tiene cabida,
que contradice
el sentido de la vida?

Y puedo responder la pregunta,
Y respondo, la Desesperanza.

Es ese miedo
a que el mal sea el dueño
del mundo entero.
Y no lo es.

Y puedo responder la pregunta,
Y respondo, la Desesperanza.

¿Quién nos quitó la ilusión?
No me importa.
De un portazo destierro la mentira.
Y como no puedo decirle
“hasta nunca”,
le digo,
“atrévete”.

Y puedo responder la pregunta,
Y respondo, la Desesperanza.

Y como no tengo poción
para borrarla,
intento llenar
los vacíos…
con cualquier otra cosa.

Espejismos

Dos espejos encarados.
Detrás de uno hay una luz cegadora.
Y detrás del otro una oscuridad aterradora.
Si tan solo se atrevieran a mirarse,
a encontrarse,
tal vez descubrieran que
lo que creyeron suyo era del otro
y lo que creyeron del otro, suyo.

Si los dos se hubieran atrevido,
y mirado al mismo tiempo,
tal vez lo habrían descubierto:
que la luz no podía cegar a la oscuridad
y la oscuridad no podía aterrar a la luz.

Maga

Dime que rompa las normas, pídeme que no siga ninguna.
Acúsame de mentirte.
Traicióname lanzándome al vacío de improvisto.
Presióname hasta que no pueda más y te pida que pares.

Pero no me hagas caso.
Yo no llego tan hondo.
Pero tú sí.

Hazlo.
Rómpeme hasta que no haya forma de volver a ser quién era.
Rómpeme para que pueda ser libre, volver a nacer. Con cicatrices pero sin esas cadenas con las que me adorné.
Y que tanto me pesan.
Y que tanto me irritan.
Y que tanto odio.

Mi alma grita.
Pero la presión es tal que todo es rojo.
Y el dolor y la rabia aumentan.
Y el llanto contenido.

Rómpeme.
Quiero creer en la magia otra vez…

Cuentos, pero otros cuentos

Y me pregunto qué pasó.
Me pregunto qué no pasó.
Puede que en la nada haya algo,
Y que aquel algo sea el que me tira
hacia ella.

¿Qué hace ella en mi cama?
La nada no hace nada,
Pero algo hace, ese algo
que se quedó en la nada.

No es una mentira, ¿verdad?
¿Es ese sentimiento un secreto maligno?
Tal vez sea una decepción,
Una decepción mal curada.

Tal vez sea una promesa que rompí,
una promesa hecha en otra vida,
una promesa que quise cumplir
y que egoístamente ignoré
Por miedo a afrontar el presente.
Por miedo a cambiar.
Por miedo a la responsabilidad.

Una traición. Una traición.
Tan grande que ni verla pude.
Una traición, no a un ideal,
Ni sentimiento, ni razón,
Sino al impulso original
del ser humano.

Cambié mi alegría
por palabras vacías
que hablaban de seguridad.

Qué les den.
Me gustaría olvidar los cuentos
en los que creí,
con los que crecí,
y los que alimenté.

Pero como no puedo,
los voy a reescribir.
Esta vez, sin palabras.

Lucidez nocturna

Y esa niña tuvo un sueño.
Soñó que estaba despierta y que alguien iba a verla.
La niña soñó que abría la puerta y una sombra entraba, la cogía por las piernas y se la llevaba bosque adentro.
Pero no era un sueño y la niña no soñaba.

Y esa niña gritó y nadie la escuchó.
Y así murió.

Pero la niña soñaba y despertó.
Despertó, pero no supo que solo lo había soñado.
Nadie se le dijo.

Y esa niña creció.
Y esa niña creyó que las pesadillas eran reales.
Y intentó derrotarlas.
Pero estaba despierta y solo podría vencerlas en sueños.
Y solo en sus sueños tenía la fortaleza para hacerlo.

Pero tenía demasiado miedo para soñar.
Nadie le había enseñado a soñar ese tipo de sueños.
Nadie le enseñó a vivir la otra mitad de nuestra vida.
¿Aprendería algún día?