En busca de la princesa de las mariposas

Que te calles pesada. Mi mente divaga y mis sentimientos me arrastran hacia lugares oscuros, lugares a los que no quiero volver. Me gustaría conocer sus caminos y saber que si me pierdo encontraré la salida, pero a la par que espero que ese conocimiento aparezca por arte de magia en mi cabeza, lucho para no acordarme. El miedo es demasiado fuerte y hay alguna cicatriz monstruosa que no ha sanado ni va a hacerlo pronto, mucho menos fácilmente, en los próximos años.

Es verdad, vivo como un tullido, sin muchas ganas de vivir, con poca ilusión y sin ganas de sentir. Mi nivel de reacción emocional es tan limitado, que parece me falte humanidad.

Las mariposas se fueron para no volver.

“Tienes que reconquistarla” me dice Louis, mientras me tomo mi cuarto, tal vez quinto, café. ¿Pero como voy a recuperar algo que nunca sentí me perteneciera? ¿Y que pasa si me sentí así porque no tenía que ser ni será nunca mía? Y aunque después de tres vodkas y una noche de fiesta tenga la certeza de que la quiero solo a ella, de que no voy a mover un dedo por una relación con cualquier otra mientras podría luchar todos los días y con todas mis fuerzas por esa conexión entre nosotras, no hay manera de conseguir el amor. No en mi mundo. En mi mundo amas y eres amado.

Y si no ocurre, no hay nada que vaya a cambiarlo.

Pero también es verdad que ese mundo no es real. La realidad puede ser distinta. Y si lo es, tal vez tenga alguna posibilidad. Pero si la realidad no es como la imagino, entonces no tengo manera de saber qué hacer.

Fue una búsqueda larga. No tan larga como lo ha sido la suya. Pero esperé mucho tiempo y al fin la encontré. Ese salado y dulce perfume que había en el aire, esa visión de melena al viento y ropas meciéndose, esas carcajadas distantes… Pude encontrar mis mariposas perdidas. La princesa de las mariposas, la princesa perdida.

Pero aunque las encontré, aun no han vuelto a mí, y aquí sigo, sentada en la oscuridad de la noche, mirando una pantalla blanca llena de puntitos negros que me cuentan mi propia historia. Una historia vacía, pues sigo sin tener mis mariposas, sin sentir la vida corriendo debajo la piel. Solo cuando pienso en ella o me encuentro cerca algo cambia y a veces es tan intenso que me inmoviliza. Ha pasado demasiado tiempo; ya no soy capaz de cuidar a las mariposas y por eso no van a volver.

Puede que tenga que volver a empezar y encontrar las otras que se perdieron en otros corazones, y recoger esas, hacerme fuerte para poder cuidarlas a todas.

Puede que tengas razón, mente, y no tenga que llegar más lejos con ella.

Pero el corazón niega con la cabeza. “No sabes lo que va a pasar. Tienes que continuar. Aunque no creas que hay una salida, aunque no veas ninguna puerta, es por allí. Tienes que seguir tu propia voluntad”.

Sí, claro, es fácil de decir, pero ¿cómo voy a andar con seguridad hacia adelante cuando no veo ni mis pies ni adónde voy?

Pues tendré que hacerlo igualmente, porque decidido está que tengo que llegar a ellas. Necesito mis mariposas. Antes tenía que buscarlas, luego verlas y ahora que sé a dónde han ido, tengo que traerlas de vuelta a casa.

¿Pero no es eso desleal? No. ¿Qué hay de malo en desear aquello que queremos? ¿Qué hay de malo en tener lo que crees mercer? ¿Qué problema hay con querer un amor correspondido? It’s not a selfless act. But you are forgetting that life was never selfless, never pretended to be. La vida es un acto de fe, no de amor, no de humildad, no de caridad. No amamos sin más.

No está en mi naturaleza rendirme. Puede que me ponga a descansar, pero siempre intento continuar con lo que he empezado y llegar a donde nos dirigíamos. Aun así, el miedo a perder y a ser juzgada por mis errores y fracasos ahoga mi voz y a menudo me encuentro callando mis aspiraciones. No quiero que sepan que me quedé mucho más lejos de lo que quería. Mi debilidad es mía y de nadie más. Soy una egoísta de mierda que nunca admitirá que quiso y no pudo. Prefiero decir que no sé algo a arriesgarme, no porque no quiera perder, pero porque no quiero que piensen que soy una perdedora y tengan pruebas de ello. Más me vale callar y que nunca sepan qué pensar de mí.

Es una vida solitaria, pero. Mis mariposas se fueron con una princesa, pero ella continua buscando su castillo en el cielo. Yo vengo de allí y no pienso volver. Yo quiero hundirme en el mar o perderme entre las flores, pero nunca más serán las nubes objeto de mi deseo. Tuve sueños imposibles de cumplir, y por más adulta que sea, cargo con sus cuerpos. No me hagáis volver y convertir los palacios en mausoleos.

Pero no tengo opción. Sigo aquí tumbada, pajeándome la mente. Voy a volver. No me importa. Solo las mariposas importan. Es todo lo que he estado buscando, la razón por la que sigo viva. Qué más da lo ridículo que vaya a sonar.  Bleed, bleed, bleed. Se me estremece todo el cuerpo, mi corazón se acelera, va a mil por hora, siento todos mis músculos y mi mente deja de hacer preguntas. Se me olvida como respirar. Mis pensamientos se congelan. ¿Que si quiero eso por el resto de mi vida? ¡Claro que no! Pero quiero vivir con esa intensidad. Quiero abrir los brazos y que las mariposas me envuelvan toda y no tenga que esforzarme en luchar para estar solo un poco despierta. Te quiero a ti. Quiero llegar lejos, investigar este misterio que de otra forma me concomerá día tras día. No he tenido en la vida deseo más fuerte que el de encontrar esto.

Conejito, escoge la madriguera que quieras. Te seguiré adónde sea.

Y que no se diga que no lo intenté. Aquí estoy, dando todo mi ser a una causa cuanto menos desesperanzadora. Vamos a sufrir, corazoncito de hielo, pero no nos queda otra. O nos consume el fuego o lo hacemos nuestro. Nada de frío o oscuridad.

Que quiere tocar las nubes, pues le daré la mano desde las estrellas.

Y si los cielos no me acogen, y si el palacio me escupe de sus entrañas o los castillos me cierran sus puertas, pues otro camino más emocionante encontraré. Y si yo prefiero quedarme con la luna mientras ella se queda con el sol, pues allí estaremos. En buena compañía.

Y si mi corazón aún tiene la razón, puede que unas mariposas me lleven a las otras.

Entre hacer y no hacer, hagamos algo.

Y que la vida nos sorprenda.

Untouched

I wanted to remain untouched for so long,
I wanted to be unique and different,
in ways that cannot be understood.

But my curiosity grew so much
throughout the time I spent
trying to be apart
from it all,
that when I found you,
I let you come in
and deep
into me.

And you destroyed my project
from the very core.
And a new one was born
when you left.

All I want now is
to be touched again.
And again.

The game

It is ironic how
now that I can no longer see you,
now that I wake up alone
and cry, cry all the time
effortlessly.

Now that it is over
and I miss you,
and I know your love will never be mine.
It is at this moment that
I see you in my future.

It is now that it is unlikely,
so very unlikely again,
that my future sets you by my side.
It is just to keep the paradox ongoing, I say.

I’ve been here before,
and if it plays like it did,
oh, girl,
You and I are doomed.

Past or cycles

Every day I live it all.
The pain.
The love and happiness.
The hate.
And the things I want to say.

And then I change my mind,
and I believe,
everything is alright.
But the same keeps happening.
Again.

I don’t know
if it’s truly fine…
I feel at peace
and more complete than ever.

Maybe all that is happening is
that I finally feel,
and feelings are like that:
ever-changing, ever-present.