“Prdja”

y por más que
y a pesar de
y tal vez por eso

tengo un flechazo

sigo sufriendo

con las paradojas

por vivir con una

en mi alma
pegada a los ojos
como un reflejo
colándose en mis conversaciones
cegándome a lo largo del día
invadiendo mi cuerpo

y este ya sólo aguanta
s…o…
b…r…e…
v…i…
v…e…
luchando por no ceder
y convertirse en la
ccccce
nnnnni
zzzzza

que es ya

Grito ahogado

Quién no ha gritado a la noche,
a la oscuridad,
desesperada,
sin poder hacer nada.

Quién no ha gritado,
pidiendo ayuda,
haciendo promesas,
llorando
y sin recibir respuesta.

Quién no tuvo que
hacer eso en silencio
con una máscara
y encerrado
en una habitación llena de gente.

Quién ha sido el afortunado
de no sentir nunca
la necesidad de
romper el mundo
sin ser capaz
de dejar de romperse.

Con la pérdida, nace

Algunos esperan
que el cielo se parta,
escucharlo tronar
y que la tierra se abra,
todo con un sonido desquiciante
que parece
el grito del universo
al derrumbarse.

Pero no se parece en nada a eso.
Cuando algo terrible ocurre,
cuando las jóvenes flores perecen
y los corazones se rompen,
nace más silencio.

Algo se para.

Es imposible decir
El Qué,
pero de pronto,
todo está callado;
una melodía
– que nadie más
podía escuchar
– ha desaparecido.
Se ha marchado.
Y no volverá.

Aún esperas

No te has dado cuenta.
Se ha terminado.

No te has dado cuenta.
Soñar con los ojos cerrados
es soñar imposibles.

-No los abras pequeña.
Te harás daño.

Pero quiero que los abras
para que encuentres
la verdad.

Deja de soñar,
de pedir.
Ella no va a venir.

No llamará a la puerta
de tu solitario piso
sin avisar y con su
encantadora sonrisa,
sonrisa pícara,
sonrisa mordida,
sonrisa dulce,
sonrisa beso.

Su presencia no cambiará
el vacío
de tus esperanzas
desfalleciendo.

Y si por un momento
creyeras en su existencia,
y si por un momento
sospechas el hallazgo,
que lo habéis logrado,
que la has encontrado,
que te ha encontrado
al fin.
Lo verás todo marchitar,
antes de oler siquiera
el perfume de la eternidad.

Olvídate de soñar.
Despierta pequeña.
No puedes enamorarte
de un espejo
sin enamorarte de
la luz que refleja
cuando yace desnudo
encarándose a ti.

No sueñes
tales sueños.
Estos sueños
dormidos,
sueños que se rompen,
sueños que mueren,
sueños astillados,
cristales rotos,
sueños que se escurren
debajo la piel
y te hacen gritar,
cuchillas desgarrando,
venas hinchadas.
Sangrado interno.

Pequeño unicornio.
No puedo mirar
como dejas
morirte
al soñar
con encontrar
la magia.
La magia
que nació
que brota
que da vida
que alimenta
que sana
que seduce
que salva
que sobrevive
que es y está.

La magia,
el unicornio,
la luz
delante del espejo.
No puedo mirar,
ver como desaparece
otra vez
detrás de la oscuridad.
No puedo dejar
que muera
una vez más.

Y tú…
¿aún esperarás?

Me olvidé

Olvidé ponerte nombre,
escribirte en los árboles,
secuestrarte en los rincones,
descubrirte mis escondrijos.

Olvidé guardar en una caja
la libertad de la inocencia
y cerrar el grifo
de la bañera de mis pesadillas.

Olvidé abrir los ojos,
luego de obedecer
y cerrarlos.

Lo olvidé todo.
Dime que alguna vez
lo recordaré y será distinto.

Prométeme que algún día
la vida volverá
a llamar mi nombre.
Y perdonará mis ganas
de escaparte.