Apuntes vitales

(En caso de problemas existenciales, consultar aquí:)

1. Que el miedo no sea la razón por la que no hagas aquello que estás pensando en hacer.

2. Escucha a tu mente primero, pero toma las descisiones desde el corazón.

3. No dudes de ti misma. Siempre logras lo que te propones, aunque el modo a veces ni lo comprendas.

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Ventanas pasadas

Algunos de mis sueños
siempre serán ventanas
de un tren al que
ya no subiré.

Algunos se quedaron
en ventantanas opacas,
en paradas escondidas
detrás de una mirada
y una voz aterrada.

Otros fueron ventanas
que prometían primavera
pero no sobrevivieron
ni a una sonrisa.

Otros se quedaron
parados y abandonados,
en ventanas rotas
en forma de otoñales hojas.

Y otros nunca salieron
de ninguna estación.

No todos los sueños
vivieron.
No todos fueron soñados,
no todos ardieron
y no todos volaron,
ya cenizas al viento.

No todos fueron puertas
a las que pude llamar.
Y de esos, tampoco todos
abrieron.

Mordaza

Sin respirar,
te vuelves
a todos lados,
mirando sin ver.

Sin respirar,
te mueves
buscando
a lo que agarrarte.

Sin respirar,
quieres gritar,
tener palabras
para no huir.

Sin respirar,
necesitas acostarte
pero también
no parar.

Sin respirar,
quieres que acabe.
Sin respirar,
ya te da igual.

Sin respirar,
olvidas.
Sin respirar,
te caes.

Sin respirar,
no ves.
Te pierdes,
sin respirar.

Sin respirar,
no puedes.
Sin respirar,
no queda nada.

Sin respirar,
no lo sientes.

Sin respirar.
Pero tienes que hacerlo.
Y duele.

Y aún sin respirar,
lo haces.
Sin respirar,
lo consigues.
Puedes. Y respiras.

Me olvidé

Olvidé ponerte nombre,
escribirte en los árboles,
secuestrarte en los rincones,
descubrirte mis escondrijos.

Olvidé guardar en una caja
la libertad de la inocencia
y cerrar el grifo
de la bañera de mis pesadillas.

Olvidé abrir los ojos,
luego de obedecer
y cerrarlos.

Lo olvidé todo.
Dime que alguna vez
lo recordaré y será distinto.

Prométeme que algún día
la vida volverá
a llamar mi nombre.
Y perdonará mis ganas
de escaparte.

Allí nos cruzamos

Y nos encontramos,
con un mismo propósito.
En una cama que estuvo vacía
por demasiado tiempo,
olvidados ya esos cuerpos de más.

Somos dos en busca del mismo destino.
Esta noche nuestras visiones se acercan,
para confundirse en la penumbra
y enturbiar la luz del mañana.
Sujetos entre sábanas, andamos un tramo.

Tal vez en direcciones distintas,
llegamos a nuestra particular parada,
y comprendemos, sin saberlo,
que pudimos vernos mejor,
el sol nos alegró la vista un momento.

Pero no olvidemos a lo que vinimos.
A travesar un puente – el cuerpo del otro.
Nos cruzamos para sentirnos
vivir. Mi Vida. Tu Vida.
Si no somos egoístas,
si dudamos de cada cuál,
nos despeñaremos.

Sabemos que nos encontramos
para encontrarnos.
Porque hacía falta tu cuerpo
para sentir
el calor de existir.

Nunca dejará de cambiar – El Tiempo

Me levanto con el estruendo de la tempestad,
veo el mar golpeado por el viento.
Siento el miedo de lo que viene,
y deseo olvidar el pasado,
mirar el futuro a los ojos,
para cerrarlos y poder sentir
el mundo latiendo
ahora mismo, y mi corazón
uniéndose al canto.
Esa canción que solo escuché
a veces, cuando llegamos
a los más alto, cuando tocaron
ese lugar tan profundo
en un abrazo con más que alma.

Pero no puedo afrontar el presente desnuda,
sin rastro de lo que fui o fue para mí,
sin temer al vacío que crea en mí
pensar en los pasos que tendré que dar.
La nostalgia y el miedo pegados a mi sombra,
la esperanza y el desconcierto abriendo paso
en esta pequeña habitación que da al mar.

Siento como todo se mueve,
y no sé si me estoy mareando
o solo emocionando.
Y es que se siente distinto,
todo, ahora, y sé,
que nunca dejará de ser así.

Una basura, por favor

Me cansé de escuchar tantas excusas, mentiras, expectativas y tontería tras tontería. No jodáis. ¿Cómo con tantos años de humanidad y experiencia seguimos perpetuando semejantes locuras?

De ti no quiero nada ya. No hagas nada conmigo. No me muestres ningún camino. No busques mi felicidad. No me dejes creer en los mitos codependientes. Porque yo los creería con facilidad– ya sé lo frágil que puedo ser, aunque cierre los ojos y me muerda la lengua, sin saber como soportarlo. Porque eso sería fallarnos. Ese es mi miedo. Y mi miedo atrae mis miedos. Y por eso me rebelo. Porque va en contra de lo que veo con mi corazón. Solo quiero que confíes en mí, en que lo lograré yo sola. Ahora que lo sabes, dejáme ser libre.

¿Qué veo yo? Dos llamas que se multiplican solo con acercarse. Que se crecen. Que se expanden. Que conquistan cualquier marea, cualquier tormenta con sus fuerzas unidas.  Veo que no hay límites detrás de esos ojos en los que se refleja un mundo único. Veo el infinito, siento que me lanzo a él.  Lo reconozco como a un pariente que nunca conocí pero familiar como mi propio paisaje interior. Ese que se remueve cuando te ve y sabe que no está solo.

Voy a cerrar ese libro gastado. No quiero que nadie me convenza de la necesidad de nadie. ¿Qué es eso? Solo incompetencia, no ser capaz de afrontar tu propia vida. No abnego de la compañía, eso es lo que quiero. Eso es el algo añadido que parece solo otra sonrisa, pero en verdad soy yo llegando a la felicidad. Y no es solo un algo, no se queda en eso solo. Es un sueño a compartir. Sí, un sueño que vamos a compartir.

Pero ni es ni será un pastel a repartir.

Besaba sus labios con deleite. No había fronteras ni etiquetas. Su historia se escribía entre miradas compartidas y gestos complementarios. Sus corazones sincronizados era todo lo que necesitaban para que funcionara. ¿Porqué no funcionó?

Plumas rojas

–Te deseo.
Miro sus labios pero no escucho lo que dice. Miro sus ojos y lo entiendo. Una mirada feroz que hace que me aparte y se me suban los colores de la vergüenza. Y me aparto. Es un hábito. No quiero desearte. No me preguntes, porque no podré mentir. Entonces entrarás en una espiral, sin comprender. No me provoques. No me mires más. Olvídame. Debo apartarme. Y las palabras nunca pronunciadas tienen esa mágia vinculante que pocos reconocen. Mi corazón se retira. La vergüenza se convierte en una máscara, una cubierta repelente. No quiero desearte.
Cierro la cremallera de la imaginación y mancho así mi mente con la sangre de un crimen. Muere el deseo.
Pero este es un ave fénix. Capaz de resucitar tras la muerte, pero incapaz de encontrar la llave de su jaula y marcharse a volar a su aire.
Y me mira.
–Deséame.
Me mira, y solo puedo cometer otro crimen. Pero un crimen distinto.

Stop it

I found her sitting in the porch. The afternoon light pouring gently over her messy hair. Pale, with almost no clothes on, I saw her with a book in her hands, her knees raised, her two feet on the chair. She was paying no attention to me. I had come silently, and I stood by watching. Her breathing was regular, soft, contained at times. She wasn’t just reading, she was thinking. And she started murmuring.

“What if I told you… you could change something from your life? A piece, something. Whatever. Do you know what you would change?

I know. I’ve come to realise there is one little thing that bothers me nonstop, and I really wish I could forget about it forever.

It’s time. The notion of time. Passing by. Coming towards you as a train that might leave before you catch it and then be gone forever. A train you wait for, a train you imagine, you think of, you never really get to know. A train that could sweep you along if you were to be mindless.

I want to forget that time is limited, that the clock is ticking. When I do, I achieve focus. But usually, I can’t stop feeling like it is controlling me… and I’m late, and I’m never going to be able to catch up.

I would like you to teach me to do that.

But I don’t want to be your teacher. There are things that it is best if we learn them on our own. I don’t want to teach you. I don’t want to fulfil that role. I want us to be equals.
And I wouldn’t worry, you are going to learn, and you are going to learn it fast.
Let us be free from that silly expectation once. We can learn from each other without teaching us anything.”

Strange how she talks to herself. There are always two in one, and the other in the two.
Like the spots on my fur.

 

The chair

La espera siempre termina

Cansada de esperar, se remueve entre las sábanas. Hoy va a dejarlas tiradas y cuando vuelva por la tarde no reconocerá su cama. Cansada de esperar, decide salir a buscarse a sí misma y no parar ya nunca más.
Se llevó un disgusto. Todos nos llevamos algunos, pero cuando ya no puedes más con la vida, con quien fuiste, con quien eres, con tu futuro… Ya no quieres continuar. Solo quieres arriesgar. Pero no como los medio cobardes e insensatos, no te vas a echar a las vías del tren, ni vaciarás tus cuentas bancarias y te irás a otro país para siempre. Eso estaría bien, sería una locura, sería divertido, sería arriesgado y serías por fin un tú más valiente. Si fueras a verlo desde tal punto de vista, si tu sueño fuera ser admirada por tu atrevimiento.
Pero tu sueño nunca fue tan salvaje. Tal vez porque en el fondo quieres a la vida más que a nada, y tú sabes qué vida es esa, aunque no te vieras con fuerzas de aceptarla, de tomarla como tuya y valorarla sin dársela al mundo a juzgar.
Ella no va a pintar otro paisaje, solo va a cambiar los colores. Respirará más hondo y dejará que le suba ese escalofrío por la espalda, permitirá que la sangre le coloreé las mejillas y no esconderá las lágrimas que asoman cada vez que ve a un niño feliz o cuando siente en su piel la tristeza en esa mirada cruzada de una extraña que parece nadie ve. Se preparará para que un día, cuando le cojan la mano y le digan que la quieren, no responda frunciendo el cejo y endureciendo el abdomen, en un intento de no sentir todo lo que se remueve. No mentirá cuando el tiempo la lleve de vuelta al pasado y le pregunten que qué tal lo lleva. Volverá a sonreír cada mañana delante del espejo, feliz de tener un día más, sin importar si va a ir bien o mal, porque eso no es importante; lo que importa es que nuevas oportunidades inexploradas aparecen sin cesar. Que ella es dueña de la vida que lleva.

Puede que ya no vuelva a soñar con esa persona que la haría feliz. Ella será feliz al ser ella y encontrará a alguien a quien llevar consigo por ese paisaje de nuevos colores. Se mirarán y entenderán que nunca buscaron a nadie ni quisieron ser alguien. Su deseo será cumplido, el deseo de caer una dentro de la otra. Hallarán la inspiración en todo aquello que no podían darse a sí mismas. La hallarán al sacarlo de sí cuando se entreguen y al recuperarlo y descubrirlo en el mismo gesto, en el mismo instante. Y no será solo magia, su sudor no será solo fruto del placer, no despreciarán el valor del dolor y del esfuerzo. Pero querrán más y más. Y se lo jugarán todo a una carta, la suya.
Ella no la disfrutará solo en sus ensoñaciones de artista, apreciando la forma de su cuerpo, sus suspiros y todos esos detalles de los que ella nunca se dio cuenta. Ella se hará maestra de sus ilusiones, sus deseos, los secretos de su inconsciente aflorando en su cuerpo. Le arrancará las penas y le esconderá el dolor con caricias. Y ella hará lo mismo, a su manera, sonriendo, sabiendo que juntas pueden hacerse felices. Y su compromiso será suficiente para salvar todos lo baches del camino.
Ella hoy sale a explorar el mundo, un poco más despierta, un poco más ella. Y la encuentra en una esquina y el alma se le cae a los pies. Mira a su alrededor, sin saber muy bien el porqué no están todos los demás como ella, parados y contemplándola. Pero como nadie parece notarlo, la duda la acecha.
Pero ella ya aprendió a no creer en la duda. Le dibujará una sonrisa, mientras sustituye plegarias y deseos por promesas y acciones. Seguirá a su corazón sin miedos y sin prejuicios, y lo intentará. Va a enamorarla pintando con esos colores que decidió tomar, cansada de esperar a que el tiempo cambiara. Y eso es coraje. Y tendrá el coraje de volver a enamorarse.
Y la historia se hizo, dirán. Pero se equivocarán: ella hará historia.